La comunidad del seminario

La vida comunitaria es un instrumento ineludible en la formación de quienes deberán, en el futuro, ejercitar una verdadera paternidad espiritual.

D. Antero Pascual Rodríguez

Rector del Seminario

¿Sabes…? ¿Qué es el Seminario?

El Seminario ya sabemos que es el lugar en donde se forman los futuros sacerdotes de la Iglesia de Sevilla. Pero el Seminario es mucho mas que un espacio físico o un edificio, aunque éste sea como es nuestro caso moderno, funcional y luminoso. Es una comunidad educativa, una familia en la que se discierne, se crece y se desarrolla la vocación sacerdotal.

Al Seminario se puede ir andando, en autobús, bicicleta, etc… , pero sobre todo se llega por medio de la ilusión de una llamada que al principio parece locura pero con el paso del tiempo va siendo realidad y llenando el corazón y la vida de los que la descubren. Este objetivo es elemento esencial del Seminario, ofrecer instrumentos para el discernimiento y la formación de las vocaciones al sacerdocio.

La formación y el crecimiento de la vocación se realiza en el Seminario a través del desarrollo de las dimensiones fundamentales que constituyen el crecimiento de la persona desde la llamada recibida de Dios. Por ello, el Seminario ofrece una formación intelectual, que busca respuesta a los interrogantes del hombre de hoy en su relación con Dios. Una formación espiritual, que sea respuesta a la esperanza de Dios configurando al hombre con el ser pastor al servicio de la Iglesia. Una formación humana, que haga crecer desde el saberse llamados a la madurez que se alcanza en el crecimiento como personas. Una formación pastoral, que afiance en el servicio generoso a la comunidad diocesana. Una formación comunitaria, que nos haga crecer desde la solicitud a las necesidades del otro. En definitiva, todo un itinerario como una gran aventura apasionante en la que contando con la ayuda de Dios acuden jóvenes dispuestos a vivirla.

Se necesitan jóvenes entregados: Cura significa cuidador, el que se cuida de los suyos, el que se preocupa de los hombres y mujeres que se le han encomendado. Este servicio es a la vez un don impresionante y una exigencia que no tiene límites ¿acaso el amor entregado tiene un borde? Por ello, es necesario que los futuros sacerdotes se preparen exquisitamente en esta labor del pastoreo y del servicio parroquial. Aunque el seminarista se va cociendo como pastor a cada instante, existen espacios privilegiados para ella:

1. Presencia en las parroquias: los seminaristas de los dos primeros años en su parroquia de origen, y los seminaristas de los cursos superiores en otras parroquias en las cuales aprenden junto al párroco en qué consiste eso de ser cura.

2. Reflexión, oración y comunicación de las experiencias. Tan importante como practicar es escuchar y reflexionar lo que se hace. A lo largo de los seis años los seminaristas van madurando, junto a sus formadores y compañeros, en qué radica su vocación.

Se necesitan jóvenes con valores humanos: ¿Se puede empezar una casa por el tejado? Antes, y junto con la labor de preparar sacerdotes, la diócesis debe preparar personas humanos; porque para hacer tu voluntad es necesario decir antes aquí estoy (Heb 10, 9), aquí estoy con todas mis luces y sombras, con todas mis virtudes y defectos; nadie que no alcance cotas razonables de madurez, equilibrio y entrega generosa podrá servir de verdad. De ahí que durante el camino vital que se recorre en el seminario, cada candidato va creciendo en humanidad y responsabilidad, acompañado por la fiel guía del director espiritual y el equipo de formadores.

Se necesitan jóvenes de Dios: ¿Es el cura un funcionario de una empresa llamada Iglesia? Si sondeáramos la opinión pública, un sector considerable pensaría que sí. Un cura es, en primer lugar, un hombre de Dios, un hombre ungido en el sacramento del orden, testigo del amor de Cristo a su Iglesia. El corazón de la formación del seminarista es la oración y el trato amigable con el Padre. Sólo desde el espíritu, el cura se entregará de forma plena a su futura parroquia; por ello están establecidas dos horas diarias de vida orante y celebrativa. Por la mañana se rezan las laudes, oración universal de la Iglesia, y un tiempo de oración personal; y por la tarde se celebra la eucaristía junto con las vísperas. Sin contar los retiros -suele haber uno al mes-, los Ejercicios espirituales anuales, las charlas con el director espiritual… Un conjunto de momentos por los que el seminarista va introduciéndose en ese fascinante paraje de la vida del Espíritu.

Se necesitan jóvenes con inquietudes por saber: ¿Se puede amar a quien no se conoce? Si el sacerdote es un hombre de Dios debe conocer a Dios, es necesario que estudie la teología (la ciencia que habla de Dios). Los seminaristas estudian cuatro años de teología en los que se detienen a saborear las Escrituras, la historia de la Iglesia, la moral. Pero ahí no queda la cosa, ¿se puede ayudar y estar pendiente de alguien si no se conocen sus sinvivires? Antes de los cuatro años teológicos, los seminaristas estudian dos años de filosofía para conocer las entrañas del ser humano, los problemas que hoy le perturban, a fin de que la Palabra de la Vida le diga algo al hombre de hoy.

Espero que te haya ayudado a saber y conocer un poco más el Seminario, no obstante sabes que cuando quieras estás invitado a venir a conocerlo y conocernos. Porque el Seminario, es comunidad diocesana, quiere hacerse presente en todas las parroquias, comunidades religiosas y grupos para seguir manifestando la necesidad de vuestra oración, ayuda y entusiasmo. Gracias a todos y especialmente a Dios dador del don de la vocación sacerdotal.

Antero Pascual Rodríguez, Rector del Seminario Metropolitano de Sevilla